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Desde la resistencia, mujeres de opinión



Por Elsa Lever M.

El concepto de resistencia está basado en la postura de Foucault (1979), pues se concibe a partir del supuesto de que la sociedad y las relaciones entre hombres y mujeres son un entretejido de poderes. De esta forma, el poder es una relación y no un rasgo individual; el poder no se detenta, no se apropia sino se ejerce y se revela en todas las esferas de la vida social: en la familia, en el barrio, en el lugar de trabajo.

Desde esta perspectiva, para que el poder se ejerza es necesario que el otro sea un sujeto activo, que responde, reacciona, resiste; el poder es enfrentamiento, es lucha. Así pues, las mujeres, aunque subordinadas, ejercen poderes que pueden llevar a cambios en su condición social. Según Foucault (1979), si no hubiese resistencia no habría relaciones de poder y se hablaría sólo de obediencia. La idea de resistencia se vincula con un proceso creativo, resistir es constituirse en un agente activo de cambio.

La lucha contra la desigualdad de género tiene mucho de esta concepción, ya que se habla de resistencia cuando se trata de la acción de las mujeres contra su subordinación y recrean las condiciones para romper con los estereotipos; se vuelven sujetos portadores de alternativas de transformación.

Sin embargo, a pesar de que el poder no puede concebirse sin la resistencia que engendra, la interacción entre poder y resistencia no es siempre perceptible, ya que el orden dominante se reconstruye borrando las huellas de su contestación (Riot-Sarcey, 2002).

Así entonces, aunque imperceptible a veces, la resistencia femenina se ha dado desde el ámbito cotidiano, del laboral, hasta el área de la producción académica e intelectual, sobre todo por mujeres universitarias, resistencia que han definido como una “revolución pasiva” desde la sociedad civil (De Barbieri, 1986), o “silenciosa” (García de León, 1994), donde lo pasivo no aparece como peyorativo sino como estrategia de poder que repercute y penetra a la sociedad y sus símbolos.

Desenmascarar las visiones dominantes constituye una forma de resistencia creativa que abre posibilidades de modificación de las relaciones de poder, donde otros dos procesos están presentes (Varikas, 2002): el de exclusión y el de segregación, ambas basadas en la construcción social del género que parte, como ya se dijo, de la diferencia biológica, de lo femenino-privado y lo masculino-público. De esta forma, las mujeres han quedado “silenciadas” (García de León, 1994), han quedado excluidas del poder, excluidas del ámbito público, de los núcleos donde se ejerce control como las Fuerzas Armadas, la Iglesia católica, el Banco Mundial (De Barbieri, 1996). Y conforme se han incorporado a esta esfera masculina, el proceso de segregación entra en juego, obstaculizando la igualdad de acceso.

En este sentido, el que las mujeres se resistan y luchen contra la exclusión y la segregación, arribando a un ejercicio de poder, es síntoma de un proceso de cambio social, de cuestionamiento al orden de dominación masculina, entendiendo como cambio social las transformaciones observables y verificables que suponen cambio de estructuras, es decir, el cambio debe modificar sustancialmente la organización de la colectividad y debe ser permanente, pues las transformaciones no pueden ser superficiales. Lo anterior se consigue a través de varios factores (Cordero del Castillo, 1998) como los deseos y decisiones conscientes de los individuos, lo actos individuales influidos por cambios sociales, las tensiones estructurales, las influencias externas, la confluencia de elementos de origen diverso, la manifestación de un propósito común y la presencia de élites de poder.

Élite es un grupo de personas que en una sociedad ocupan puestos importantes, que concentran poder en una estructura social (Negro, 1998). Ahora bien, puesto que se trata de un asunto de poder (poder masculino), las mujeres que se acercan a él, que participan de algún modo en él es, para García de León (1994), de importancia relevante. Son mujeres que están efectuando el cambio del modelo tradicional femenino (esfera privada) al nuevo modelo femenino (esfera pública). Han reivindicado su herencia social, es decir, estudiar, actuar en la vida publica, trabajar. Han reclamado lo que la permanencia de una sociedad androcéntrica les negaba.

Estas mujeres que se han incorporado a la esfera pública conforman entonces una élite de poder en tanto grupo con ideas e intereses comunes, y debido al poder que tienen o influjo que ejercen sobre los valores de una colectividad, se convierten en potentes agentes de cambio social (Cordero del Castillo, 1998).

García de León (1994) le llama a este conjunto de mujeres con poder como “élites discriminadas”, ya que tienen que ejercer su posición como una especie de privilegio enturbiado, ya que en tanto que élite femenina son una “élite aislada” tanto de la élite masculina como de la masa femenina, y una “élite discriminada”, es decir, constreñida a las pequeñas porciones de poder que el monopolio masculino graciosamente le entrega no sin presiones. De esta manera, la autora se aboca a mujeres públicas, entre ellas las profesoras universitarias, las mujeres políticas y las mujeres empresarias.

Por otro lado, el caso de las mujeres que participan del periodismo de opinión, a través de artículos en las páginas editoriales de diarios o columnas periodísticas, podrían considerarse también como una élite discriminada, en tanto se han incorporado a un ámbito político y de poder, y por ende público. El poder, dice Lasswell (1963), es la participación en la toma de decisiones, y para ejercerlo se debe formar parte de un cuerpo político.

Por ello son mujeres que gozan del “privilegio” de emitir su opinión en un campo dominado por hombres, que es la política; son mujeres con estudios superiores o activistas políticas que ejercen el poder de formar opinión desde una tribuna periodística, la cual lleva implícita también el poder de producir, reproducir y sostener el orden de dominación masculina.

Escasas en las páginas de opinión de los diarios, estas mujeres ejercen también el poder desde la resistencia y a través de esa lucha han abierto caminos contra la exclusión y segregación, hacia el cambio social.

Lo que García de León (1994) llama “élite discriminada”, Mannheim (1963) la define como élite “sublimada” y está constituida por dirigentes moral-religiosos, estéticos e intelectuales, cuya finalidad es procurar socialmente salidas a esos nuevos sentimientos que surgen de la discusión de problemas de actualidad, en sentido crítico y estimulando el desarrollo de perspectivas nuevas.

Sin embargo, considerando todo lo antes expuesto, esta lucha continúa enmarcada por los principios de jerarquización, así como de exclusión y segregación, pues las páginas de opinión de los diarios se muestran como un campo de desigualdad de género.

Pocas han accedido a esta área, y las que lo han hecho han sido seleccionadas porque su profesión o actividad son sólo extensión de “lo femenino”. Así, resulta que las mujeres que participan en este campo son profesoras, escritoras o defensoras de derechos humanos. O bien, son militantes de algún partido político que va bien con la línea del diario. También se hallan mujeres con cargos políticos relevantes, que dan cierto prestigio al diario, pero que pierden ese acceso en cuanto dejan de detentar dicho cargo político.

En general, la presencia de esta élite de mujeres en las páginas de opinión de los diarios es todavía cuantitativa y cualitativamente menor. Se sigue creyendo que son aún un grupo de mujeres privilegiadas que ejercen el poder que les permiten ejercer. Que son la excepción que confirma la regla. La regla es que para las mujeres una formación superior, pública, política y de poder es inaceptable excepto en casos excepcionales. Así, una mujer con esta formación ni es ni puede ser una mujer corriente, por lo tanto su capacidad o su trabajo revierten sólo sobre ella misma y para nada cambian la opinión que haya de mantenerse sobre el resto. Ella es una excepción y las demás son lo que son (Valcárcel, s/f).

Pero esta es una perspectiva susceptible de cuestionarse, ya que los contenidos de un diario y mensajes de la prensa en general están ligados a cambios en los escenarios político-sociales y quizá estas mujeres élite, articulistas de opinión, encontraron y siguen hallando, a contracorriente, el hilo conductor a favor de las mujeres; han encontrado y sabido aprovechar los momentos coyunturales para abordar los medios desde la tribuna del artículo de opinión. No es que las dejen hacer, sino que han aprovechado las circunstancias para romper el silencio; han estado en las filas de la revolución “pasiva” y “silenciosa” ejerciendo el poder desde la resistencia.

BIBLIOGRAFÍA

CORDERO DEL CASTILLO, J. (1998) “El cambio social”, en Hernández, S. (coord.), Manual de Sociología, Valladolid: Universidad de Valladolid.
DE BARBIERI, T. y OLIVEIRA, O. (1986) “Nuevos sujetos sociales: la presencia política de las mujeres en América Latina”, en Nueva Antropología núm.30.
DE BARBIERI, T. (1992) “Sobre la categoría género. Una introducción teórico-metodológica” en Revista Interamericana de Sociología, núm. 2 y 3.
DE BARBIERI, T. (1996) “AlgCursivao más que las mujeres adultas. Algunos puntos para la discusión sobre la categoría género desde la sociología”, en González M., Metodología para los estudios de género, México: IIE-UNAM.
FOUCAULT, M. (1979) Microfísica del poder, Madrid: La Piqueta.
GARCÍA DE LEÓN, M. (1994) Élites discriminadas. Sobre el poder de las mujeres, Colombia: Anthropos.
LASSWELL, H. (1963) Psicopatología y política, Buenos Aires: Paidós.
MANNHEIM, K. (1963) Ensayos de sociología de la cultura, Madrid: Aguilar.
NEGRO M., A. (1998) “Las élites sociales”, en Hernández S. A. (coord.), Manual de Sociología, Valladolid: Universidad de Valladolid.
RIOT-SARCEY, M. (2002) “Poder(es)”, en Hirata H. (coord.) Diccionario Crítico del Feminismo, España: Síntesis.
VALCÁRCEL, A. (s/f) Pensadoras del siglo XX, España: Instituto Andaluz de la Mujer.
VARIKAS, E. (2002) “Igualdad”, en Hirata H. (coord.) Diccionario Crítico del Feminismo, España: Síntesis.

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